¿Por qué importa la geopolítica en la colaboración científica internacional?
Durante décadas, la colaboración científica internacional fue vista como un bien en sí mismo, y cuanto más abierta, más beneficiosa para todos. Ese consenso, que articuló durante años la base del sistema científico global, está siendo hoy cuestionado por un mundo que ha cambiado profundamente
La ciencia como activo estratégico
La ciencia y la tecnología han dejado de ser percibidas exclusivamente como motores de prosperidad compartida para convertirse en elementos centrales de la seguridad económica y el poder nacional. Los avances en áreas como la inteligencia artificial, la biotecnología o la computación cuántica determinan también la capacidad militar, de inteligencia y, sobre todo, de influencia en el sistema internacional. En este contexto, el conocimiento científico se ha convertido en un activo estratégico disputado, y la colaboración internacional, en un espacio donde coexisten oportunidades y riesgos.
Este cambio de paradigma se refleja en decisiones políticas concretas: estrategias nacionales de seguridad que incluyen la investigación, listas de tecnologías críticas, controles de exportación que extienden a transferencias intangibles de conocimiento, y marcos institucionales que instan a evaluar las colaboraciones internacionales en función del riesgo. Este marco ha sido recogido por la Unión Europea en su Estrategia de Seguridad Económica y en la Recomendación sobre la seguridad en la investigación de 2024, sintetizando este enfoque en un principio claro: “tan abierto como sea posible, tan cerrado como sea necesario”.
Un contexto geopolítico dinámico y en permanente cambio
El contexto geopolítico no es estático. Las alianzas se transforman, los marcos normativos evolucionan y las tensiones entre países se intensifican o relajan. Además, vivimos en un momento de incertidumbre geopolítica especialmente elevada, marcado por rivalidades entre grandes potencias, tensiones en distintas regiones del mundo y, en definitiva, una reconfiguración acelerada del orden internacional. Este escenario afecta directamente a las condiciones en que se produce la colaboración científica, y lo que hace unos años era un entorno favorable para cooperar puede haber cambiado sin que las instituciones investigadoras lo hayan incorporado a sus procesos de toma de decisión.
Por todo ello, la evaluación del contexto geopolítico no puede limitarse a un trámite puntual previo a la firma de un acuerdo. Debe ser un proceso continuo que acompañe a la colaboración desde su diseño hasta su cierre, y que se actualice cuando cambian las circunstancias.
Los riesgos concretos
La colaboración científica internacional no está exenta de riesgos concretos. El más conocido es la transferencia no deseada de conocimiento, aquellos resultados de investigación, datos o metodologías que acaban siendo utilizados para fines militares o de inteligencia en terceros países, o que refuerzan la capacidad competitiva de un tercero sin que la institución que los generó fuera consciente de ello.
La injerencia extranjera es un riesgo más sutil pero igualmente relevante. Puede manifestarse a través de financiación condicionada que orienta los proyectos hacia intereses ajenos a los de la institución o el país financiador o, a través de la participación de investigadores con vínculos con gobiernos extranjeros en proyectos de investigación sensibles. En algunos casos, esta injerencia busca también generar desinformación o promover narrativas favorables a determinados intereses geopolíticos a través de la producción científica.
El potencial uso dual de tecnologías es otra dimensión crítica. Muchas de las áreas de investigación más dinámicas actualmente tienen aplicaciones tanto civiles como militares, lo que las convierte en objeto de interés en la competición tecnológica global. Colaborar en estas áreas sensibles sin evaluar el perfil del socio y el uso potencial de los resultados puede suponer una contribución involuntaria a capacidades que comprometen la seguridad.
Implicaciones para las instituciones y la comunidad investigadora
Conocer el contexto geopolítico antes de iniciar una colaboración no significa desconfiar por defecto de los socios extranjeros, ni renunciar a la apertura que ha caracterizado históricamente a la ciencia. Significa tomar decisiones informadas y conscientes del entorno desde el cual se produce la cooperación.
Para los investigadores, esto implica instaurar una cultura de seguridad. A su vez, esto conlleva familiarizarse con el marco normativo del país socio y entender cómo puede afectar a aspectos prácticos de la colaboración. Implica también conocer el perfil de la institución contraparte. Y supone evaluar qué tipo de conocimiento o tecnología está en juego y qué usos podría tener en manos equivocadas.
Para las instituciones, el reto es mayor. Conlleva, en primer lugar, dotar a los investigadores de herramientas, recursos y medidas concretas que faciliten esta evaluación. La ausencia de ellas puede acarrear daños reputacionales en el caso de producirse un incidente de seguridad en la investigación. Las universidades y centros de investigación europeas que ya han avanzado en esta dirección muestran que es posible integrar la evaluación del riesgo geopolítico en la gestión ordinaria de las colaboraciones sin frenar la actividad científica.
Cooperar con conocimiento de causa
La cooperación científica internacional sigue y seguirá siendo esencial. Es fuente de conocimiento, talento e innovación, y de soluciones a desafíos globales que ningún país puede afrontar solo. Pero en un contexto global donde el conocimiento es poder y las tensiones geopolíticas condicionan cada vez más las reglas del juego, cooperar de forma responsable exige conocer el entorno en que se produce esa cooperación y diseñar las salvaguardas adecuadas para mantener las puertas abiertas a la investigación internacional de forma sostenible.